martes, 11 de octubre de 2011

Libertad

“Libertad, libertad, quiero la libertad...” escucho cantar en el pasillo a un hombre que con su mopa intenta limpiar el piso de una lúgubre edificación. Me transporta a mi propio deseo de libertad… yo también quiero la libertad.

Empiezo a creer que la libertad no se define según un lugar, la cantidad de dinero, o un apellido. Intuyo que esa materialidad se diluye en una ilusión, y que no se sostiene por sí sola...
Empiezo a creer que los muros que aprisionan no son muros de concreto, sino muros fabricados con los propios miedos,  los propios prejuicios, y la imperiosa necesidad de cumplir con un mandato ajeno que muchas veces nos resulta impuesto...

Empiezo a creer que la libertad es algo que se lleva dentro, una forma de ser, una actitud frente a la vida… y para obtenerla hay que ser un poco egoísta, pensar primero en uno, olvidar las expectativas, y ponerse como prioridad. Acceder a la libertad requiere de un gran coraje…

Siento que el mundo a veces se detiene. Se me olvida que la vida para todos sigue, y me sumerjo en mi propia quietud. Me cuesta aún distinguir si esas pulsaciones que disminuyen cada vez más se deben a una tranquilidad interior que voy adquiriendo con el tiempo, o a una paralización frente a aquello que me atemoriza. Quizás sea un poco de las dos cosas. Quizás he aprendido a detenerme frente a la vida.
Se cuela en mi mente una imagen... es Mafalda mirando el mundo: “paren el mundo que me quiero bajar!” 
que ingenua es la inocencia de un niño... 

Ta tan… ta tan… ta tan… un momento de silencio… un zumbido en mi oído ahoga el ruido exterior… ta tan… ta tan… ta tan… cierro los ojos y escucho mi corazón… ta tan… ta tan… ta tan… 

“Libertad, libertad, quiero la libertad…” el hombre sigue cantando, la mopa sigue limpiando, los muros siguen ahí, pero yo estoy cada vez más cerca de la libertad.


domingo, 4 de septiembre de 2011

Los Inicios…


Todo partió cuando una amiga de melena espectacular me invitó a ver una obra de teatro. La obra se llamaba “La Amante Fascista”. Esa fue la primera vez que sentí la necesidad de crear un espacio en el cual pudiese relatar esto que me estaba ocurriendo. Quería compartir mis descubrimientos de la vida, plasmar mis ideas y enseñar con orgullo el que me estuviera dando cuenta de cosas que yo pensaba nadie más veía… pero para hacerlo necesitaba ciertas condiciones. Necesitaba que mi nombre, mi persona quedara relegada a un segundo lugar, velada por un texto, velada para poder expresarme sin tener que perder tiempo defendiendo mis dichos… decirlos… y ya. Quería que el texto hablara por sí mismo, que las personas pudiesen quizás entenderlo, identificarse a él sin tener que lidiar con la persona. Por eso escogí un seudónimo, uno que sin querer queriendo da cuenta de mí…

Hay un desprendimiento que ocurre cuando uno escribe, aún más cuando se comparte lo que se escribe. Yo quería que ese desprendimiento fuera sin tanto dolor, sin tanto egoísmo. No sabía que igual, tras mi disfraz iba a estar yo, escuchando, poniendo atención a las reacciones del resto…

Todo empezó cuando fui a esa obra. Fueron muchas las cosas que ocurrieron esa noche; esa noche que gestó en mí la semilla de la necesidad de expresión, y se me plantó en la cabeza el nombre de "Cuica Undercover" como una pequeña obsesión... nombre con el que hoy me presento frente a ustedes y resguardo mi anonimato. Esa noche se encontraba el actual Ministro de Cultura para presentar la obra que había sido ganadora del Concurso de Dramaturgia Nacional. Era la época en que el conflicto mapuche estaba en boca de todos. Y al presentarse frente al público y comenzar a hablar, el Ministro recibió una avalancha de abucheos.

Yo estaba impactada. Era la primera vez que sentía que estaba entre los otros. Esos que veo en la tele quejarse de los de derecha; esos de los que se hablaba en la mesa, esos que eran los resentidos. Yo estaba molesta con ellos. No entendía la falta de respeto hacia una autoridad de gobierno, porque yo no hubiese abucheado a alguien de la Concertación. Y el Ministro dijo algo que me marcó: “ey, la tolerancia es para los dos lados”.

Después de ver la obra nos fuimos 4 mujeres a un bar… yo iba cambiada, con muchas ideas en mi cabeza, habiendo visto una obra que trataba sobre la dictadura, una obra en la que la protagonista dejaba en evidencia un mundo al cual yo no había pertenecido, un mundo al cual yo estaba recién empezando a conocer….

Nos fuimos al bar, y entre cervezas y risas hablamos de lo que había ocurrido. Éramos cuatro, pero realmente éramos muchas más. Cada una representando un mundo en sí mismo. Una, de descendencia mapuche, me habló del tema, de su postura, su visión. Y me encantó escuchar a una persona con ideas distintas que pudiese hablar de su postura sin que la conversación se convirtiera en una discusión, un diálogo de sordos. Es una experiencia que me ha tocado a veces en la vida… la suerte de encontrarse con personas que piensan radicalmente distinto frente a ciertos temas, pero pueden hablar con otros sin imponer sus miradas, sino más bien exponiendo y escuchando, produciendo un nuevo saber en el camino sin saberlo…

Fue así, entre autoridades y abucheos, entre preguntas inocentes y respuestas honestas… y una obra… así nació mi curiosidad y mi necesidad por entender qué razones hacen tan diferentes a un grupo tan grande de personas que pensé eran tan chilenos como yo. Pero sucede que no todos los chilenos somos iguales… ja! Suena tonto mientras escribo… pero son esas cosas tan obvias de la vida que de repente se entienden de verdad.

No somos iguales tu y yo…


"Stultifera Navis"
La nave de los locos

lunes, 29 de agosto de 2011

Memorias de un lugar extraño

Siguiendo un camino que supuestamente es el "correcto", una vez que terminé la universidad decidí buscar trabajo, y en una mezcolanza entre las vueltas de la vida y mi propia inercia a mantenerme en el lugar de la "hija consentida de papa" me demoré dos largos años en encontrar lo que llamaré: "Mi primer trabajo formal y remunerado como Psicóloga".

Cierto, no puedo dejar de mencionar que entre la obtención del título y la obtención del sueldo incurrí en distintas actividades, tanto dentro como fuera de mi profesión, realizando tareas tan diversas como envasar frutos secos, o ser jefa de operaciones en una empresa a la que entré como telefonista. Tampoco puedo desmerecer el tiempo que pasé atendiendo pacientes en forma gratuita repartiéndome por santiago, pagando bencina, tag, almuerzos, y mucho más, en pos de ganar experiencia.

Pero bueno, volviendo a ""Mi primer trabajo formal y remunerado como Psicóloga"...
Confieso que trabajo en uno de aquellos lugares donde se envían a los marginados de la sociedad. Como la Stultifera Navis que menciona Foucault, el mío es uno de aquellos barcos que incomoda cuando se acerca, provoca rechazo, es un estorbo. Nadie quiere lidiar con tan incómoda escena.

Podría aprovechar la ocasión para preguntarme qué hago yo incorporándome con tanto entusiasmo a tan inhóspito lugar...pero esa es harina de otro costal...

En el lugar donde trabajo yo no soy yo. Debo dejar parte de mí en otro lugar para sumergirme en un mundo que me es ajeno. Dejo en casa mis viajes, mi apellido, mi religión, mi sentido políticamente incorrecto del humor, mi postura política; me acompañan mi coraje, mi necesidad de dar una opinión, y de alguna u otra forma, todo lo que dejo se camufla bajo mi ropa, y se cuela de cuando en vez.
La tripulación con la que navego se compone de personas cuya idiosincracia lleva la marca viva de la dictadura; una dictadura que supo tatuar su dolor. Son personas marcadas por la lucha por la igualdad, marcadas por la sensación de injusticia, marcadas por la falta.

En cambio yo viví entre peluquerías y aviones, entre la nieve y el lago. Viví entre vestidos y zapatitos de charol, sabiendo poco y nada sobre aquellos oscuros años que marcaron nuestra sociedad.

Hoy, este primer trabajo formal y remunerado como Psicóloga me ha traído más que experiencia laboral... me ha significado una puerta de entrada a un lugar extraño, ajeno para mí, pero que me resulta atrayente de alguna u otra forma...