Todo partió cuando una amiga de melena espectacular me
invitó a ver una obra de teatro. La obra se llamaba “La Amante Fascista”. Esa
fue la primera vez que sentí la necesidad de crear un espacio en el cual pudiese
relatar esto que me estaba ocurriendo. Quería compartir mis descubrimientos de
la vida, plasmar mis ideas y enseñar con orgullo el que me estuviera dando
cuenta de cosas que yo pensaba nadie más veía… pero para hacerlo necesitaba
ciertas condiciones. Necesitaba que mi nombre, mi persona quedara relegada a un
segundo lugar, velada por un texto, velada para poder expresarme sin tener que perder
tiempo defendiendo mis dichos… decirlos… y ya. Quería que el texto hablara por
sí mismo, que las personas pudiesen quizás entenderlo, identificarse a él sin
tener que lidiar con la persona. Por eso escogí un seudónimo, uno que sin
querer queriendo da cuenta de mí…
Hay un desprendimiento que ocurre cuando uno escribe, aún más cuando se comparte lo que se escribe. Yo quería que ese desprendimiento
fuera sin tanto dolor, sin tanto egoísmo. No sabía que igual, tras mi disfraz
iba a estar yo, escuchando, poniendo atención a las reacciones del resto…
Todo empezó cuando fui a esa obra. Fueron muchas las cosas
que ocurrieron esa noche; esa noche que gestó en mí la semilla de la necesidad
de expresión, y se me plantó en la cabeza el nombre de "Cuica Undercover" como una pequeña obsesión... nombre
con el que hoy me presento frente a ustedes y resguardo mi anonimato. Esa noche
se encontraba el actual Ministro de Cultura para presentar la obra que había
sido ganadora del Concurso de Dramaturgia Nacional. Era la época en que el
conflicto mapuche estaba en boca de todos. Y al presentarse frente al público y
comenzar a hablar, el Ministro recibió una avalancha de abucheos.
Yo estaba impactada. Era la primera vez que sentía que
estaba entre los otros. Esos que veo en la tele quejarse de los de derecha;
esos de los que se hablaba en la mesa, esos que eran los resentidos. Yo estaba
molesta con ellos. No entendía la falta de respeto hacia una autoridad de
gobierno, porque yo no hubiese abucheado a alguien de la Concertación. Y el Ministro
dijo algo que me marcó: “ey, la tolerancia es para los dos lados”.
Después de ver la obra nos fuimos 4 mujeres a un bar… yo iba
cambiada, con muchas ideas en mi cabeza, habiendo visto una obra que trataba
sobre la dictadura, una obra en la que la protagonista dejaba en evidencia un
mundo al cual yo no había pertenecido, un mundo al cual yo estaba recién
empezando a conocer….
Nos fuimos al bar, y entre cervezas y risas hablamos de lo que
había ocurrido. Éramos cuatro, pero realmente éramos muchas más. Cada una
representando un mundo en sí mismo. Una, de descendencia mapuche, me habló del
tema, de su postura, su visión. Y me encantó escuchar a una persona con ideas
distintas que pudiese hablar de su postura sin que la conversación se
convirtiera en una discusión, un diálogo de sordos. Es una experiencia que me
ha tocado a veces en la vida… la suerte de encontrarse con personas que piensan
radicalmente distinto frente a ciertos temas, pero pueden hablar con otros sin
imponer sus miradas, sino más bien exponiendo y escuchando, produciendo un
nuevo saber en el camino sin saberlo…
Fue así, entre autoridades y abucheos, entre preguntas inocentes
y respuestas honestas… y una obra… así nació mi curiosidad y mi necesidad por
entender qué razones hacen tan diferentes a un grupo tan grande de personas que
pensé eran tan chilenos como yo. Pero sucede que no todos los chilenos somos
iguales… ja! Suena tonto mientras escribo… pero son esas cosas tan obvias de la
vida que de repente se entienden de verdad.
No somos iguales tu y yo…

