lunes, 14 de enero de 2013

"I see you"

Fui criada en un mundo en el que se me enseñó que soy mejor que otros... que los sirvientes están por debajo mío, y que quienes pertenecen a clases sociales más bajas que yo pertenecen a una subcultura que esta por debajo de la mía; por debajo porque no hablan correctamente, porque no entienden inglés, porque nunca han viajado, porque no conocen el mundo.
Me he movido toda mi vida entre quienes viajan, entre quienes tienen casa en la playa, entre quienes no se pelean el baño, entre quienes tienen. 

Últimamente en mi vida, diría que hace un par de años, se produjo una revolución de pensamiento que me condujo a observar mi alrededor. Y no es hasta ahora que comienzo a entender que mis elecciones laborales han tenido relación con este ejercicio de observación. Trabajé en una carcel, sintiéndome absolutamente ajena a todos quienes me rodeaban; ahí nació el título de este blog. 
En ese lugar empezó una idea que hoy se arraiga cada vez más en mi. Tiene que ver con el mito de la caverna de Platón. En la caverna habían hombres encadenados de tal manera que solo podían ver las sombras de objetos y personas que pasaban por detrás de ellos, y que por estar encadenados,  no podían ver. Estos hombres encadenados tomaban como verdad lo que veían, ciegos a otras posibilidades. Así como los hombres de las cavernas, viví encadenada tanto tiempo. Encadenada a una verdad que me regía, que estructuraba mi mundo. 
¡Que duro ha sido darme vuelta y ver la luz!
No digo que mis sombras no eran una verdad, solo trato de compartir esta sensación profundamente estremecedora que me recorre cuando me percato de un mundo en que yacen otras verdades, otras realidades, y comprendo que la única forma de juzgar a otro, de emitir un juicio, es mirándolo en su dimensión de 
ser-humano, y no de su categoría social.

No sé si es mi país (tanto se dice que Chile es un país clasista), o si es una esencia humana el clasificar y prejuzgar, pero he vivido presa del prejuicio social. 

Hace un tiempo asistí a una charla en la que escuché a un tipo hablar respecto de la pobreza, y no puedo olvidar lo que dijo: "las personas de un estrato social/económico más bajo no sienten que controlan sus decisiones, se sienten impotentes, esclavos de las circunstancias"... uff... me pesó. 

Hoy ya no trabajo en una carcel, trabajo en un centro comunitario, y aunque sigo sintiéndome ajena, infiltrada en un mundo que no es el mío, sigo mirando, observando, explorando. Y humildemente comprendo que la única forma de apreciar a otro Ser es por lo que es, por lo que es capaz, y no por lo que tiene. Que bien sé que lo que se tiene se pierde... pero lo que se es, eso se lleva...

Hoy entiendo que respetarse es verse... y mi única ambición es pararme frente a otro y poder decir genuinamente: te veo.