lunes, 29 de agosto de 2011

Memorias de un lugar extraño

Siguiendo un camino que supuestamente es el "correcto", una vez que terminé la universidad decidí buscar trabajo, y en una mezcolanza entre las vueltas de la vida y mi propia inercia a mantenerme en el lugar de la "hija consentida de papa" me demoré dos largos años en encontrar lo que llamaré: "Mi primer trabajo formal y remunerado como Psicóloga".

Cierto, no puedo dejar de mencionar que entre la obtención del título y la obtención del sueldo incurrí en distintas actividades, tanto dentro como fuera de mi profesión, realizando tareas tan diversas como envasar frutos secos, o ser jefa de operaciones en una empresa a la que entré como telefonista. Tampoco puedo desmerecer el tiempo que pasé atendiendo pacientes en forma gratuita repartiéndome por santiago, pagando bencina, tag, almuerzos, y mucho más, en pos de ganar experiencia.

Pero bueno, volviendo a ""Mi primer trabajo formal y remunerado como Psicóloga"...
Confieso que trabajo en uno de aquellos lugares donde se envían a los marginados de la sociedad. Como la Stultifera Navis que menciona Foucault, el mío es uno de aquellos barcos que incomoda cuando se acerca, provoca rechazo, es un estorbo. Nadie quiere lidiar con tan incómoda escena.

Podría aprovechar la ocasión para preguntarme qué hago yo incorporándome con tanto entusiasmo a tan inhóspito lugar...pero esa es harina de otro costal...

En el lugar donde trabajo yo no soy yo. Debo dejar parte de mí en otro lugar para sumergirme en un mundo que me es ajeno. Dejo en casa mis viajes, mi apellido, mi religión, mi sentido políticamente incorrecto del humor, mi postura política; me acompañan mi coraje, mi necesidad de dar una opinión, y de alguna u otra forma, todo lo que dejo se camufla bajo mi ropa, y se cuela de cuando en vez.
La tripulación con la que navego se compone de personas cuya idiosincracia lleva la marca viva de la dictadura; una dictadura que supo tatuar su dolor. Son personas marcadas por la lucha por la igualdad, marcadas por la sensación de injusticia, marcadas por la falta.

En cambio yo viví entre peluquerías y aviones, entre la nieve y el lago. Viví entre vestidos y zapatitos de charol, sabiendo poco y nada sobre aquellos oscuros años que marcaron nuestra sociedad.

Hoy, este primer trabajo formal y remunerado como Psicóloga me ha traído más que experiencia laboral... me ha significado una puerta de entrada a un lugar extraño, ajeno para mí, pero que me resulta atrayente de alguna u otra forma...