Hoy Bachelet anunció su candidatura oficial para la Presidencia de la República... y cuando lo leí cayeron todas las piezas en mi mente como piezas de puzzle que bailaban en armonía, cada una en su lugar. Lo entendí! Había sido una movida magistral... un juego de ajedrez.
Durante todo este tiempo se preocuparon de sembrar la falta... y sin duda, cosecharon deseo. Hoy la ex presidenta vuelve con un público convencido que ella es el objeto precioso que deseaban. Y que bella forma de hacerlo... que poético... prepararon al público... anunciaron el primer evento: un recorrido fotográfico por los momentos de su presidencia, y nada más y nada menos que en su comuna de origen. Me saco el sombrero, realmente fue hábilmente orquestado.
La ex presidenta comienza su discurso diciendo "Yo siempre digo que venir a El Bosque es volver a mi casa y no en una manera simbólica. Yo soy hija de El Bosque". Que sutil forma de instalar en la mente de la gente que ella es parte del pueblo, recordarles que es cercana a las personas sin tener que decirlo.
Y esto es la política... es gobernar, es tomar decisiones, es representar a la mayoría... pero también es saber leer a la gente, saber lo que quiere y dárselo... parece ser la única manera de conquistar al otro de forma efectiva.
Le falta esto a la derecha. Lo dijo hoy Andres Velasco, a este gobierno le falta la relación de confianza con la gente.
No se trata de cómo se gobierna, gana el que se sabe mostrar.
Estoy segura que debe haber un psicoanalista ayudando a Bachelet...
miércoles, 27 de marzo de 2013
martes, 26 de marzo de 2013
Sobre la religión...
Tanto por formación profesional, como por convicción personal, no creo en la religión. No creo en las sagradas escrituras, independiente de su orígen. Tampoco creo en rezar. Para ser honesta, aun no me decido respecto de la existencia de Dios (aunque me doy cuenta que sin querer queriendo lo escribo con mayúscula...)
Si creo en la necesidad de identificarse a algo que dé sentido en la vida. Y desde ahí, creo que la religión sirve fundamentalmente como un sostén frente al gigantesco sin sentido que a veces es la vida.
Ayer se celebró una festividad religiosa en mi familia, y mientras me sentaba en la mesa observando como algunos de los presentes empujaban a que se mantuviera un ambiente solemne y religioso, otros se distraían fácilmente, y el resto mostraba su molestia frente a tanto despliegue de religiosidad, yo solo pensaba en lo necesario que es que se creen espacios en los que se reúna la familia, sea cual sea el pretexto.
Supongo que para mi, la religión es un pretexto de unión.
El problema, es que lo que más observo es que la religión termina separando a las personas. Y es que creo que cuando las creencias son fundamentalistas, y no apelables, las conversaciones se convierten como un paseo por una calle sin salida.
Creo que para algunos, ser guiados en cada paso, ser comandados respecto de qué hacer, y cuándo hacer provee una sensación de protección y seguridad inmensa, lo cual debe ser maravilloso...
Yo miro lo que escribo y me doy cuenta que soy muy creyente... pero de mis propias convicciones, de mis dudas, mis ideas, de la posibilidad de generar un diálogo que haga circular el deseo, la falta, que me mantenga cuestionando, empujándome a más...
Creo también que la religión que más me acomoda es en verdad una filosofía de vida en la que no están escritas las cosas que debo o no hacer, sino que se transmita el amor, el respeto, y la creencia de que cada opción de vida es válida. Amen.
lunes, 14 de enero de 2013
"I see you"
Fui criada en un mundo en el que se me enseñó que soy mejor que otros... que los sirvientes están por debajo mío, y que quienes pertenecen a clases sociales más bajas que yo pertenecen a una subcultura que esta por debajo de la mía; por debajo porque no hablan correctamente, porque no entienden inglés, porque nunca han viajado, porque no conocen el mundo.
Me he movido toda mi vida entre quienes viajan, entre quienes tienen casa en la playa, entre quienes no se pelean el baño, entre quienes tienen.
Últimamente en mi vida, diría que hace un par de años, se produjo una revolución de pensamiento que me condujo a observar mi alrededor. Y no es hasta ahora que comienzo a entender que mis elecciones laborales han tenido relación con este ejercicio de observación. Trabajé en una carcel, sintiéndome absolutamente ajena a todos quienes me rodeaban; ahí nació el título de este blog.
En ese lugar empezó una idea que hoy se arraiga cada vez más en mi. Tiene que ver con el mito de la caverna de Platón. En la caverna habían hombres encadenados de tal manera que solo podían ver las sombras de objetos y personas que pasaban por detrás de ellos, y que por estar encadenados, no podían ver. Estos hombres encadenados tomaban como verdad lo que veían, ciegos a otras posibilidades. Así como los hombres de las cavernas, viví encadenada tanto tiempo. Encadenada a una verdad que me regía, que estructuraba mi mundo.
¡Que duro ha sido darme vuelta y ver la luz!
No digo que mis sombras no eran una verdad, solo trato de compartir esta sensación profundamente estremecedora que me recorre cuando me percato de un mundo en que yacen otras verdades, otras realidades, y comprendo que la única forma de juzgar a otro, de emitir un juicio, es mirándolo en su dimensión de
ser-humano, y no de su categoría social.
No sé si es mi país (tanto se dice que Chile es un país clasista), o si es una esencia humana el clasificar y prejuzgar, pero he vivido presa del prejuicio social.
Hace un tiempo asistí a una charla en la que escuché a un tipo hablar respecto de la pobreza, y no puedo olvidar lo que dijo: "las personas de un estrato social/económico más bajo no sienten que controlan sus decisiones, se sienten impotentes, esclavos de las circunstancias"... uff... me pesó.
Hoy ya no trabajo en una carcel, trabajo en un centro comunitario, y aunque sigo sintiéndome ajena, infiltrada en un mundo que no es el mío, sigo mirando, observando, explorando. Y humildemente comprendo que la única forma de apreciar a otro Ser es por lo que es, por lo que es capaz, y no por lo que tiene. Que bien sé que lo que se tiene se pierde... pero lo que se es, eso se lleva...
Hoy entiendo que respetarse es verse... y mi única ambición es pararme frente a otro y poder decir genuinamente: te veo.
Me he movido toda mi vida entre quienes viajan, entre quienes tienen casa en la playa, entre quienes no se pelean el baño, entre quienes tienen.
Últimamente en mi vida, diría que hace un par de años, se produjo una revolución de pensamiento que me condujo a observar mi alrededor. Y no es hasta ahora que comienzo a entender que mis elecciones laborales han tenido relación con este ejercicio de observación. Trabajé en una carcel, sintiéndome absolutamente ajena a todos quienes me rodeaban; ahí nació el título de este blog.
En ese lugar empezó una idea que hoy se arraiga cada vez más en mi. Tiene que ver con el mito de la caverna de Platón. En la caverna habían hombres encadenados de tal manera que solo podían ver las sombras de objetos y personas que pasaban por detrás de ellos, y que por estar encadenados, no podían ver. Estos hombres encadenados tomaban como verdad lo que veían, ciegos a otras posibilidades. Así como los hombres de las cavernas, viví encadenada tanto tiempo. Encadenada a una verdad que me regía, que estructuraba mi mundo.
¡Que duro ha sido darme vuelta y ver la luz!
No digo que mis sombras no eran una verdad, solo trato de compartir esta sensación profundamente estremecedora que me recorre cuando me percato de un mundo en que yacen otras verdades, otras realidades, y comprendo que la única forma de juzgar a otro, de emitir un juicio, es mirándolo en su dimensión de
ser-humano, y no de su categoría social.
No sé si es mi país (tanto se dice que Chile es un país clasista), o si es una esencia humana el clasificar y prejuzgar, pero he vivido presa del prejuicio social.
Hace un tiempo asistí a una charla en la que escuché a un tipo hablar respecto de la pobreza, y no puedo olvidar lo que dijo: "las personas de un estrato social/económico más bajo no sienten que controlan sus decisiones, se sienten impotentes, esclavos de las circunstancias"... uff... me pesó.
Hoy ya no trabajo en una carcel, trabajo en un centro comunitario, y aunque sigo sintiéndome ajena, infiltrada en un mundo que no es el mío, sigo mirando, observando, explorando. Y humildemente comprendo que la única forma de apreciar a otro Ser es por lo que es, por lo que es capaz, y no por lo que tiene. Que bien sé que lo que se tiene se pierde... pero lo que se es, eso se lleva...
Hoy entiendo que respetarse es verse... y mi única ambición es pararme frente a otro y poder decir genuinamente: te veo.
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