martes, 26 de marzo de 2013

Sobre la religión...


Tanto por formación profesional, como por convicción personal, no creo en la religión. No creo en las sagradas escrituras, independiente de su orígen. Tampoco creo en rezar. Para ser honesta, aun no me decido respecto de la existencia de Dios (aunque me doy cuenta que sin querer queriendo lo escribo con mayúscula...)

Si creo en la necesidad de identificarse a algo que dé sentido en la vida. Y desde ahí, creo que la religión sirve fundamentalmente como un sostén frente al gigantesco sin sentido que a veces es la vida. 

Ayer se celebró una festividad religiosa en mi familia, y mientras me sentaba en la mesa observando como algunos de los presentes empujaban a que se mantuviera un ambiente solemne y religioso, otros se distraían fácilmente, y el resto mostraba su molestia frente a tanto despliegue de religiosidad, yo solo pensaba en lo necesario que es que se creen espacios en los que se reúna la familia, sea cual sea el pretexto.

Supongo que para mi, la religión es un pretexto de unión.
El problema, es que lo que más observo es que la religión termina separando a las personas. Y es que creo que cuando las creencias son fundamentalistas, y no apelables, las conversaciones se convierten como un paseo por una calle sin salida.

Creo que para algunos, ser guiados en cada paso, ser comandados respecto de qué hacer, y cuándo hacer provee una sensación de protección y seguridad inmensa, lo cual debe ser maravilloso... 

Yo miro lo que escribo y me doy cuenta que soy muy creyente... pero de mis propias convicciones, de mis dudas, mis ideas, de la posibilidad de generar un diálogo que haga circular el deseo, la falta, que me mantenga cuestionando, empujándome a más...

Creo también que la religión que más me acomoda es en verdad una filosofía de vida en la que no están escritas las cosas que debo o no hacer, sino que se transmita el amor, el respeto, y la creencia de que cada opción de vida es válida. Amen.

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